jueves, 27 de junio de 2013
Giulietta
Shakespeare escribió una de las historias de amor más hermosas y fatídicas, hablo de Romeo y Julieta (lo aclaro porque no sé que tipo de gente leerá esto, bueno ni siquiera sé si lo lee alguien, pero por si las moscas).
Ambientó la narración en Verona, Itália. Creo que todos sabemos en que consiste la historia de estos amantes, bueno, pues en Verona actualmente se encuentra la que llaman "La casa de Julieta", en ella se encuentra el famoso balcón y claro está una gran escultura de Julieta.
Dicen, que para tener suerte en el amor debes tocarle la teta a Julieta (es un poco irónico, dado que Julieta se suicidó por amor, un amor que no le dejaban vivir ni disfrutar), y si además le puedes escribir y dejar la nota entre los viejos muros de su casa.
Con 13/14 años, no lo recuerdo bien, fui a Verona con mis padres, y sí, fui a "La casa de Julieta", dado que anteriormente había estado en la casa de Shakespeare en Oxford, pero eso es otra historia.
Llegué y la vi, una majestuosa estatua de color marrón con la teta derecha (la que da suerte en el amor y eso) de color amarillo, como si fuera oro. Toda ella brillaba bajo la luz del medio día que conseguía meterse en aquel patio.
La recuerdo hermosa, y alta.
Subí con mi padre y le toqué la teta. La verdad es que le pedí un poco de suerte en el amor ( a esa edad sigues creyendo en príncipes azules y eso), pero además recuerdo haberle pedido papel y boli y pedirle con todas mis fuerzas que me diera amor, del que pudiera considerar verdadero, de los de película de Hollywood, de los que duele el corazón cuando se acaba. Le pedí un amor de esos.
Metí mi pequeña nota entre sus muros y me fui, pensando en parte que no serviría para nada y deseando por otra que funcionara.
Nunca he creído en nada de esto, ni le atribuyo mi vida amorosa a este hecho, pero tengo que aceptar que aunque unos años después he tenido un amor de esos que amas con locura, de los que duelen cuando se acaban.
Los he tenido dulces y suaves, en los que los besos rebozan amor y también en los que odias con la misma fuerza que amas.
Tengo curiosidad por saber si aun estará mi pequeña nota, con mi letra torcida en aquellos viejos muros. Mi intención es volver a Verona y agradecerle haber podido tener amores como ese, de saber que es querer a alguien tanto que incluso duela.
Y si vuelvo, pedirle un favor más, pedirle algo tan fuerte y perecedero como grande sentimentalmente.
Nunca he creído en estas cosas, pero quizás pueda darle la gracias a Julieta por conspirar para que los grandes amores surjan y no mueran en cenizas.
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