domingo, 20 de noviembre de 2016

Y yo me pregunto, ¿qué cojones es el amor?


¿Qué cojones es el amor? Es una pregunta que me hago tantas veces en un mismo mes que ha llegado a perder el sentido, si es que alguna vez esa palabra lo ha tenido.

Si te digo que me describas el amor me lo vas a describir como una sensación en el estómago, un runrun en la cabeza... En fin, un sin fin de cosas del estilo, pero ¿tienes la misma sensación por tu familia?, ¿sientes algo en el estómago cada vez que ves a tu hermano/a?

Y no me vengáis con lo de: existen distintos tipos de amor.
Lo sé, lo sé, pero seguimos llamándolo de la misma manera. Entonces, ¿qué cojones es el amor?

Después de mucho tiempo con la pregunta en la cabeza solo he llegado a una conclusión (que no es válida para nadie, excepto para mi).

El amor es aquello que nos hace sentir, sí, sentir.  Es aquello que te hace sonreír cuando recuerdas que hoy has quedado con un amigo, es la sonrisa de imbécil que tienes cuando vuelves en un vuelo a casa o cuando te das cuenta de que vives al lado del fucking Big Ben (sí, lo sé, el big ben es la campana...).

Entonces, ¿es amor aquello nos hace sonreír?
Cuan equivocados estáis si creéis que el amor sólo os hace sonreír. Y creo que de aquí viene el problema de su definición.

El amor te hace querer arrancarte los pelos, te hace querer correr hasta que no queda aire en los pulmones y gritar a los cuatro vientos maldiciendo todo bicho viviente, te hace llorar y sin duda te hace ponerte de mal humor.

¿Entonces por qué todo el mundo busca el amor?
Y aquí queridos míos os dejo algo que leí en algún lugar de los que jamás me acuerdo, el amor es la cura y el inicio de todo mal.

Es el ying y el yang, es Mario y Luigi, es Voldemort y Potter... Es muchas cosas, buenas y malas.

Entonces, ¿por qué buscarlo? Sencillamente, porque nos han enseñado (sea verdad, o una gran mentira) que la felicidad es el súmmum de la vida y el amor es parte eso.

lunes, 21 de marzo de 2016

sí, quiero.

Me he dado cuenta de que sé de todo y de nada al mismo tiempo.
Me explico, sé muchas cosas como el comportamiento de un par de electrones en un enlace o sé que si te caes y tropiezas te puedes partir un diente, pero en cambio desconozco tanto de otras tantas cosas (válgame la redundancia).

Desconozco que se siente cuando pierdes al amor de tu vida, la sensación de hacer algo que te aterroriza pero en cambio te llena más que otra cosa, la sensación de libertad sin tapujos y otras muchas cosas como ya os he dicho.

Hay una frase del Quijote que me persigue durante bastante tiempo: "y así, de poco dormir y mucho leer, se le secó el cerebro." Reflexionando sobre esto, ¿puede que (sin ir yo muy lejos filosofeando) de tanto querer saber se nos seque el cerebro?

Es decir, me considero una persona con muuuuy poco tiempo y demasiadas cosas que quiero ver y hacer, entonces, si por querer hacer todo en poco tiempo me pierdo algunas cosas consideradas sociológicamente importantes, vale la pena? 
I mean... Vale la pena dejar de saber (osea, que se nos seque el cerebro) por hacer las cosas que más queremos (dormir poco por leer mucho)?

Considerando que últimamente hacemos lo que una sociedad (bastaaaaante atrasada) nos dicta, creo que la respuesta es que sí. 
Sí a hacer lo que nos gusta, sí a los planes que surgen de una noche de borrachera, sí a ayudar a los demás SIN ESPERAR NADA A CAMBIO (que remarco esto porque hace falta...), sí a los amigos, pero más sí a la familia, sí a perderte por países que no conoces y rotundamente sí a salir de nuestra zona de confort.

Decid sí más veces, porque al final, nos quedamos sin tiempo.

lunes, 26 de enero de 2015

Let it be.


¿Somos conscientes realmente de lo que decimos cuando nos enfadamos?
Es una pregunta que ronda mi cabeza des de hace un tiempo y pensándolo bien, creo que es un 50-50. Es decir, hablamos rápido y mal cuando nos sentimos así, hablamos con ganas de hacer daño y eso, sin duda, es la peor forma en lo que lo hacemos.
Creo, que el ser humano responde a un ataque con más daño, y ya lo dije una vez, las palabras las carga el diablo.

Sí, seguro. Sabemos lo que decimos porque lo hacemos para hacer daño, y no cuenta con que después te arrepientas y pidas perdón, porque hay palabras que no se olvidan y personas que prefieren no olvidar.
Vas a buscar en tu interior aquella cosa que pueda hacer que salgas menos dolido de una discusión, y digo menos dolido, porque aceptémoslo en las discusiones nadie sale ganador, al menos en mi humilde opinión.

Complicamos todo lo que se nos pode delante, y no me vengáis con que vosotros soy "carpe diem", y que simplificáis las cosas porque ahora se lleva eso.
Dejad de engañaros a vosotros mismos, de verdad, que seréis más felices. Lo complicamos porque creemos que sabemos como reaccionaran las personas con las que discutimos, porque los conocemos y sabemos como son. Lo complicamos porque queremos que la conversación salga como lo hizo en nuestra cabeza, y cuando cambia atacamos cual animal arrinconado.

Por eso se os ocurren respuestas ingeniosas cuando repasáis la conversación.

Sabéis, estoy harta de complicarlo. Así que me dispongo a hacer lo que dicen los ingleses: "Let it be."

sábado, 15 de noviembre de 2014

Malditos.


Malditos inconscientes que no saben lo que dicen. Malditos aquellos que hablan más por las espaldas que a los ojos. Malditos aquellos pobres que aprenden a confiar en quien no deben.

No hay quien los entienda.

Sé con cierta seguridad que vemos el mundo con distintos ojos, que dos personas no ven el mismo color o exactamente las mismas formas, pero el otro día una amiga me dijo que hay gente a la que se le ve a leguas que es mala, que es un mal bicho que dice mi madre.

Si ciertas personas, como mi amiga en este caso, pueden ver que hay gente mala (y con mala me refiero a que se alegra de que a alguien le pase algo malo mientras él/ella salga beneficiado) ¿Por que los demás no?

Ciertas veces decidimos confiar en quien no debemos y como una vez leí "no todo aquel que te pregunta quiere saber realmente como estás, algunos sólo quieren saberlo para poder hacerte daño." Y llega un punto en que es tan difícil saber en quien puedes y en quien no que dejas un poco de confiar, y lo haces un poco con todos y en realidad con nadie. Pero claro, después ves lo que pasa en muchas reuniones de amigos o conocidos que hoy se hablan como si fueran BFF (no me apetece escribirlo, más sencillo así..) y ayer se tiraban puñales a la espalda entonces me dan ganas de decir lo que he dicho al principio, malditos aquellos que hablan más por las espaldas que a los ojos.

Porque sí, con el tiempo me he enseñado que las palabras las carga el diablo y que se puede hacer mucho daño contando una mentira o una verdad y lo que creas de esas palabras viene ligado a lo que realmente confíes en esa persona.
Y al final, como todo, es culpa nuestra por no saber diferenciar, por abrirte a alguien que en realidad te quiere ver cerrado y dejar que las palabras como los cristales que son, te hagan daño.

Pues como estoy harta, lo vuelvo a decir, malditos aquellos que nos han hecho daño por confiar.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Something new.

La gente cambia.
He escuchado esa afirmación un montón de veces en muchas bocas diferentes que, como yo, creían que eso era verdad.
Digo creían porque el tiempo demuestra, y lo hace con bastante frecuencia, que la gente siempre es igual.
El problema es que nos empeñamos en pueden cambiar y que lo harán porque les importamos, o sencillamente lo hacen porque se dan cuenta de aquello que han hecho mal.
Disculpadme que os lo diga, pero es un error. Una persona siempre es igual, su forma de ser no cambia, cambian sus gustos o sus aficiones o incluso las aspiraciones que tiene pero no su forma de ser.
Se puede esconder, camuflar e incluso negar.
Y eso no es malo, la verdad. Eso de que la gente no cambie.
Creo, y he llegado a esta conclusión a base de "ensayo/error", de que siempre hay que querer las partes malas y buenas de una persona, las cosas que cambiarías y las que no.
Si intentas cambiar a alguien, llegará un punto en que no conocerás a la persona que tienes al lado, en cambio, si son estáticas siempre sabes lo bastante de esa persona como para evitar esa parte que te disgusta.

No sé, quizá me equivoque y si se pueda cambiar. Quizá aquellos que creen que sí se puede tengan razón, pero recordemos que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

viernes, 18 de julio de 2014

Extremos.

Dicen que los extremos no son buenos. Pero he estado pensando, y ¿que pasa con los extremadamente enamorados o los extremadamente decepcionados?
¿Es bueno estar extremadamente algo?

Siempre pensé que los extremos no estaban hechos para mi y que es mejor estar en una posición central para todo.
No hace mucho estoy en un extremo. Extremadamente harta, extremadamente molesta y extremadamente decepcionada.
Jamás he sabido como salir de uno de esos extremos y quizás quedarme en ellos no sea precisamente lo correcto, pero si he estado en la parte extrema mala creo que por lo consiguiente me debería tocar estar ahora en la parte extrema buena, es decir, extremadamente feliz, extremadamente contenta, extremadamente algo.

Mi madre dice que no puedes decir que algo no te gusta si no lo has probado y en este mundo no todo son blancos o negros pero seamos sinceros, son los que más nos atraen.

viernes, 13 de junio de 2014

Silence please

El silencio creo que es una de las cosas más peligrosas que existe en esta vida.
Todos necesitamos silencio alguna vez, y no nos quejamos cuando encontramos ese lugar silencioso en la ciudad, o cuando los vecinos se callan e intentamos estudiar.
Pero... Muchas veces, si lo pensamos bien el silencio es el preludio de una tormenta, de una muerte en una peli de miedo.
Y...¿cuando viene de una persona?
Los padres aterran cuando nos miran y no nos dicen ni mu, ya sabemos que debemos irnos a nuestra habitación hasta que termine el tornado de furia o las consecuencias que hayas desatado.

Pero creo, y lo digo sin ninguna duda, que el peor silencio de todos es aquel que proviene de una de las personas que quieres. Notas ese silencio, un vacío que realmente no está pero lo llena todo. Ese silencio incómodo que te avisa de que algo en esa relación no va bien y que te lo vas a tener que currar mucho como para arreglarlo lo más mínimo.
El momento en el que miras a la otra persona y sabes que de un modo u otro estáis eligiendo las palabras para haceros el menor daño posible, arreglar el desastre o, por lo contrario, terminar con todo el sufrimiento de un golpe certero.

Nada en esta vida me da más miedo que un silencio. Pero he llegado a entender que es como todas las cosas, no hay ying sin yang, felicidad sin tristeza y por supuesto no hay música sin silencio.