martes, 26 de noviembre de 2013

Como si de plumas se trataran.


"¿Decirte que te echo de menos es demasiado?"
Sólo quiero decirle eso, es en lo único que pienso y perdóname si no puedo estar sin ti.

Hoy buscando en mi maldito ordenador he encontrado un maldito correo tuyo que descargué, no hace mucho. Es de cuando me querías.
Qué mal ha sonado eso, como si ahora fuésemos dos desconocidos, aunque en realidad lo somos.
Has dejado de llamarme por las noches para contarme cualquier estupidez, durante este tiempo he entendido que no quedabas conmigo por contarme las cosas o por hablar y pasar el tiempo como decías sino porque simplemente te gustaba estar conmigo.

Sabes... No lo he visto hasta ahora. Llámame tonta si quieres, pero el dolor y el daño no me dejaron ver que lo intentabas. Perdóname.

Últimamente he escrito mucho sobre perdonar y ser perdonado, pero yo no he conseguido perdonarte el daño que me hiciste (por mucho que me mienta a mi misma, ya sabes, lo de siempre).
Escribir... El único alivio de las personas a las que los pensamientos les pesan más que las palabras que pueden decir, y a mi me pesan, tanto que es como levantar esas pesas que tienen en los gimnasios que tú parece que levantas como si de plumas se trataran.

Es gracioso, ahora sólo recuerdo cosas buenas, y las malas me llegan, me hacen el corazón una pelota, le dan una patada y dejan paso a las buenas.
Lo que nunca tengo que olvidar es como ignorarte. Con los años he aprendido a como hacer que parezca que no me importas, cuando en realidad me mata por dentro no poder decir ni hola.

Supongo, que como en casi todas las relaciones, lo que nos unía ha desaparecido, como por arte de magia. 

Siento decepcionarte al decirte que no es así para mi, ni lo será y que, por mucho que lo evites, siempre estaré ahí preocupándome de que estés bien y que jamás te hagan daño.

Es estúpido querer al alguien tanto (y me refiero a amor o a amistad, que básicamente el amor es parecido, pero una dura más que el otro...) que llegarías a ponerlo por delante de ti mismo.

Es estúpido, pero eres de las pocas personas que van delante de mi. Una lástima que no lo leas o no quieras leerlo, nadie tan bien como yo sabe como decir: lo siento.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Forgive me.


Lo siento. Perdóname.
Por primera vez en una hora levanté mi cabeza y la miré. No sé que cara puse y en realidad no lo quiero saber, pero ella repitió: lo siento. Perdóname.

Nunca supe que decirle, en realidad yo le había estado haciendo daño durante tanto tiempo que jamás pensé en como se sentía o si en realidad ese dolor la mataba tanto por dentro como me está pasando a mi.
Ell, a pesar de todo, seguía ahí. La llamaba porque cualquiera me había hecho daño. No tenía excusa pero ella aliviaba el dolor. Siempre tenía las palabras adecuadas en su momento. Creo que ha sido a la única persona a la que he sabido abrirle mi corazón, pero no supe aliviar su dolor cuando me pedía perdón.

Se ha ido lejos. Para olvidarme me dijo. Me dio un beso, que sonó totalmente a despedida y me dijo que jamás podría querer a alguien tanto como a mi.
Antes de cerra la puerta volvió a repetir: Lo siento. Perdóname.

He abierto muchas veces su conversación, para decirle que yo también lo siento y que en realidad la he querido, tanto como a ninguna.
Tal vez mi forma de quererla no es la que se mereciera, y tal vez por eso ella lo hizo. Decidió que si no la quería, ella tampoco me estaba haciendo daño.
No se lo pregunté, y llevo 3 meses sin verla. La echo de menos, pero no se lo voy a decir.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Back in time.


¿Qué coño pasa con el tiempo? Se detiene cuando miro sus ojos y me devuelven la mirada. Hay veces que me cuenta cosas y en realidad no la escucho, sólo la miro. Miro su imagen a cámara lenta.
Entonces me dice que es hora de irse y el mundo va demasiado deprisa. Ella y yo acostumbramos a despedirnos como si nada ocurriese. Nada de besos ni abrazos, por mucho que nos hayamos amado esa noche. Es extraño, esos últimos minutos con ella se van demasiado deprisa.
Y vuelve a detenerse el mundo, ese segundo en el que yo arranco el coche y ella camina hacia su casa y en un último suspiro, se gira y me mira.
Creo que siempre tendré esa imagen de ella, girada, sonriendo como si nada malo ocurriera en ese instante.
Hoy ella me ha olvidado, y sólo nos queda el recuerdo. Es triste que sólo la recuerde.
Hice que le preguntaran que recordaba de nosotros, aunque no fuera realmente un nosotros. Me dijeron que recordaba siempre el último momento de estar juntos, cada noche, el momento en que ella se gira y me ve mirándola y arrancando mi coche.
Pensé que era el destino que ambos recordáramos lo mismo.
¿No me entiendes? Yo te necesito. Ya no quiero que me quieras, sólo que me recuerdes.
Ah! Es que no sabéis lo que duele escuchar que dijo que recordaba aquella imagen porque no quería recordar nada de lo que ocurría antes. Para ella era, de verdad, como si no nos hubiésemos amado hasta enloquecer.
En realidad, sólo enloquecí yo. La buscaba con la mirada, quería saber que hacía y cómo. Se convirtió en una obsesión.
Enloquecí por amor, y me obsesioné con un pensamiento, con una idea. No con ella. Había olvidado el sonido de su risa y su cara cuando tenía un orgasmo, había olvidado sus "te quiero" y como brillaban sus ojos al verme.
Un lástima que ya sólo me quede una idea, un pensamiento y un triste recuerdo de lo que fue el primer amor de mi vida.

martes, 5 de noviembre de 2013

Late, too late.


Recuerdo que hacía frío. Pude ver el humo saliendo de mi boca. Es tarde, pensé.
Miré el reloj, las 5 a.m. Me dí la vuelta y vi tu cuerpo, tumbado en ese sofá, desnudo y perfecto.

Cogí mis pantalones, me vestí y me fui. Me preguntaste por qué, pero no tenia la respuesta adecuada.
Pensé que las cosas no me podían ir bien a mi, contigo. A mi, que me había pasado la vida de boca en boca hasta que topé con tus labios. A mi, que había vagado por las tierras de nadie con las cicatrices más profundas que hayas visto jamás. A mi, que fui capaz de ser insensible y no pensar en otros hasta que te conocí.
¿Cómo me podía ir bien a mi?
Sabes, no me fijé. No vi que me lamiste las heridas, que tocaste con tus dedos mis cicatrices, besándolas cada una de ellas. No vi que me mantuviste despierto mirándote, y no me fijé que había dejado de ver las películas porque sólo te miraba a ti.

Perdóname, no lo vi. Me di cuenta cuando estaba solo, cuando nadie me besaba las cicatrices y volvían a doler, cuando entraba en una fiesta buscando tu rostro o cuando empecé a trasnochar como hacía antes, buscando unos labios como los tuyos, que saciaran mi hambre de ti.

No me di cuenta a tiempo.
Hoy te he visto, con otro. He notado un apretón en el corazón y una flecha que se clava pero no hasta matarte.
Siento haber sido ciego, pero dicen que el amor no nos deja ver, y sin duda, tú has sido mi amor.

lunes, 4 de noviembre de 2013

So sorry.


Después de eso, no te echo de menos, bueno, en realidad miento. Te echo de menos no a ti sino a nuestras risas, a las miradas cómplices, a los besos en madrugadas. Echo de menos los “te necesito”, mis “ahora mismo voy”, los “¿Donde estas?”, mis “A tu lado como siempre”.

Pensé que sentiría un gran vacío en mi vida el día que te marcharas, pero en realidad no. He sentido algo que es dolor, pero mucho menos que cuando jugábamos a hacernos daño.
Ese tipo de dolor nunca se olvida, deja cicatrices tan profundas que aunque seas feliz, y hablo de ser totalmente feliz, aún duelen.
La verdad es que ese dolor ya forma parte de mi, de mi vida, y por suerte (creo) de mi pasado.

Me llamaste una noche, diciendo “lo siento”, y colgaste.
Sabía que estaba pasando y simplemente lo acepte, ambos necesitamos tiempo para reconstruir las ruinas que hemos dejado del otro. Porque, aceptémoslo, nos hemos dejado en ruinas, tan en ruinas como Pompeya después de la erupción del Vesubio.

Quizás por eso lo único que dijiste fue “lo siento”, para poner el primer parche de muchos en mi vida y después desaparecer, para ser aquel primer arqueólogo que se interesa por restaurar las ruinas.

Es verdad, me lo repito mucho, que te fuiste porque era lo correcto y lo bueno para los dos. Pero me pregunto que pasaría si te hubieras quedado. ¿Qué seria de nosotros?

Es una buena pregunta, que por cosas del destino jamás tendrá respuesta.