martes, 29 de octubre de 2013
W.
Desbloquea, entra y mira su conversación. Cierra, bloquea. Piensa y rumia si debería decirle que lo siente. Desbloquea, entra, busca su conversación y escribe. Escribe, borra, escribe, borra. Borra, cierra y bloquea de nuevo.
Él mira la pantalla, sin pestañear, como ido. Ve un rótulo verde que pone: "escribiendo...". Desaparece, vuelve, desaparece.
Hace días que ocurre, pero no le da importancia. También le pasa, no es fácil hacer salir las palabras, sobretodo si salen del corazón y no de la cabeza.
Siempre hay un punto en que ambos miran la misma pantalla, pero ya no les dice nada.
He pensado que a mucha gente le ocurre, lo de escribir y borrar digo, pero eso sólo ocurre cuando no hay nada que decir. Cuando lo tienes claro escribes, grandes párrafos, llenos de vida, de sentimientos. Cuando no, ocurre, escribes y borras, lo lees y no te convence. Demasiado sincero quizá, o demasiado rudo. Vuelves a leer, suprimes una parte y la cambias. Pero por mucho que leas, jamás estarás contento con el texto. En realidad, no tienes nada que decir.
Aceptémoslo, hay veces que estamos más guapos callados.
miércoles, 23 de octubre de 2013
Trust me
Le advertí que no jugara conmigo a "quién puede más", le advertí que saldría perdiendo, pero no me hizo caso.
Y estamos en ese punto de la relación en el que ambos tiramos, hacía el lado contrario, sin acompañarnos, sin pararnos a pensar que es lo que el otro necesita.
Hace tiempo que no me paro a pensar si te hago daño, tú tampoco lo haces. No me mientas.
Mentir... De eso hemos aprendido mucho, nos hemos llenado hasta arriba de falsas ilusiones y de comentarios bonitos, nos llenamos de falsos besos y abrazos.
Se nos daba muy bien, tengo que aceptarlo.
Y aquí estoy, esperando bajo la puerta de tu casa, para decirte que se acabó, que ya no puedo más. Que has conseguido que venda mi alma al diablo, y que me vaya lejos, que ya no me queden lágrimas que llorar en los parques, ni ilusiones por ver.
Que nuestro juego se ha convertido en algo tan destructivo como atractivo al mismo tiempo, y tenemos que parar.
Basta! No me hables, no me cuentes más mentiras, no me grites "te quiero's" vacíos para que me quede, para que podamos seguir destruyéndonos. Era divertido, ahora me duele.
Duele hasta pensar en ti. Así que no quiero.
Basta! He dicho que basta! No hables, sólo mírame y dime alto y claro que no me quieres. Calla, no vuelvas a decirme que no puedes hacerlo porque no es verdad. Deja de mentirme.
Está bien, gracias.
No llores, sé que no lo entiendes, pero nos estoy salvando de nuestra destrucción, como dicen los ingleses: "Trust me".
martes, 22 de octubre de 2013
LN Granada.
Entró al metro como cada mañana. Siempre que salía llevaba los cascos puestos, con Avicii o Hardwell sonando estridentemente.
Eran las 8.20, miró atentamente como llegaba el metro, bastante lleno de gente (como de costumbre).
"De nuevo la horda de zombies ha llegado, run." Se rió para si misma, pero es que toda aquella gente con cara de perro y ojeras profundas le recordaban a "The Walking Dead".
Miró dentro buscando algo interesante que admirar durante los 20 minutos de metro que le quedaban (nadie dijo que vivir en una gran ciudad fuera fácil).
Buscó con la mirada, pero nada. Cambió la canción, sonaba LN Granada, de Supersubmarina.
Le encantaba, demasiado bonita para ser cierta, tarareaba mientras su pelo se deslizaba por sus mejillas.
Se abrieron las puerta, y entró. Él con sus ojos azules como el cielo al alba, con su barba de un par de días.
En el fondo, siempre lo buscaba.
Él la miró como todos los días hacía. Con ese metro llegaba unos 5 minutos tarde a clase, pero la veía todas las mañanas, a ella, a sus ojos castaños y a su larga cabellera oscura.
Ella lo miraba, como siempre y hoy no iba a ser distinto, sus miradas se cruzan, y ella ríe.
Aparta la mirada, como avergonzada de que la vea, sin conocerla, tal y como es.
Ella se baja una parada antes de lo esperado, él dos detrás de ella.
Se ven todas las mañanas, sin conocerse saben exactamente lo que necesitan saber el uno del otro, excepto su nombre.
Se conocen más que algunas parejas que llevan años y para ambos eso es confuso, pero nadie dijo que el amor nos dejara las cosas claras, no?
lunes, 21 de octubre de 2013
Te hiero.
Él no entendía por que ella lo retenía, porque seguía queriendo estar a su lado, si, de alguna forma, ella había decidido que su corazón debía pertenecer a otro.
Le pareció egoísta, pero él hacía lo mismo. La retenía con una fuerza fuera de lo normal, como si tuviese miedo que, al dejarla libre, realmente se fuera.
Ella le hacía sentir como si de un ave se tratara, volaba por encima de sus cabezas cuando estaba con ella. Era, como estar chutado, como una droga que te llena y a la vez, cuando esa agradable sensación se termina, la vuelves a necesitar.
Ella era su droga.
Sonaba bastante mal, pero sin ser suya, deseaba que lo volviera a ser. Tocar su cuerpo, con la punta de los dedos y notar como se estremecía, eso quería, eso necesitaba.
Hubo una vez que ella estando lejos le dijo algo, fuerte y contundente, le dijo "te quiero" aunque el entendió "te hiero", y no le pareció extraño escuchar aquello, porque en realidad si, lo hería.
Se consumía cuando estaba sin ella como una colilla encendida y puesta en el cenicero, se consume lentamente sin que nadie lo evite.
No entendía su relación, llegaba a un punto de: "ni contigo ni sin ti".
Eso simplemente, lo mataba por dentro.
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