Y el insomnio ha cogido por costumbre quedarse a dormir conmigo por las noches.
Me susurra al oído nuestras batallas más importantes, como el día en que una moneda de dos euro se convirtió en aliciente para tumbarte en el suelo y quedarme con las ganas de besarte.
Nunca fue un buen compañero, el insomnio digo. Se queda, como un gorrón, sin pagar por las horas de sueño que pierdo recordando aquello que pude mejorar y sin duda hace un gran "sinpa" cuando se trata del dolor. Él viene y como te he contado, me susurra nuestras historias, y duelen. Cuanto más se queda, más duelen.
Y aqui me tienes, escribiendo lo que me dice porque el cabrón no quiere irse y dejarme aceptar que perderte es perderme en un mundo sin horas de sueño, ni despertares con besos y olvidémonos de los abrazos a media tarde.
Parece que se va, me ha dicho que mañana vuelve. Que lo espere despierta, que quiere contarme más historias.
Vuelve, por favor. Y dile que tú me las contarás.
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