martes, 5 de noviembre de 2013
Late, too late.
Recuerdo que hacía frío. Pude ver el humo saliendo de mi boca. Es tarde, pensé.
Miré el reloj, las 5 a.m. Me dí la vuelta y vi tu cuerpo, tumbado en ese sofá, desnudo y perfecto.
Cogí mis pantalones, me vestí y me fui. Me preguntaste por qué, pero no tenia la respuesta adecuada.
Pensé que las cosas no me podían ir bien a mi, contigo. A mi, que me había pasado la vida de boca en boca hasta que topé con tus labios. A mi, que había vagado por las tierras de nadie con las cicatrices más profundas que hayas visto jamás. A mi, que fui capaz de ser insensible y no pensar en otros hasta que te conocí.
¿Cómo me podía ir bien a mi?
Sabes, no me fijé. No vi que me lamiste las heridas, que tocaste con tus dedos mis cicatrices, besándolas cada una de ellas. No vi que me mantuviste despierto mirándote, y no me fijé que había dejado de ver las películas porque sólo te miraba a ti.
Perdóname, no lo vi. Me di cuenta cuando estaba solo, cuando nadie me besaba las cicatrices y volvían a doler, cuando entraba en una fiesta buscando tu rostro o cuando empecé a trasnochar como hacía antes, buscando unos labios como los tuyos, que saciaran mi hambre de ti.
No me di cuenta a tiempo.
Hoy te he visto, con otro. He notado un apretón en el corazón y una flecha que se clava pero no hasta matarte.
Siento haber sido ciego, pero dicen que el amor no nos deja ver, y sin duda, tú has sido mi amor.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario