miércoles, 23 de octubre de 2013

Trust me


Le advertí que no jugara conmigo a "quién puede más", le advertí que saldría perdiendo, pero no me hizo caso.
Y estamos en ese punto de la relación en el que ambos tiramos, hacía el lado contrario, sin acompañarnos, sin pararnos a pensar que es lo que el otro necesita.

Hace tiempo que no me paro a pensar si te hago daño, tú tampoco lo haces. No me mientas.
Mentir... De eso hemos aprendido mucho, nos hemos llenado hasta arriba de falsas ilusiones y de comentarios bonitos, nos llenamos de falsos besos y abrazos.
Se nos daba muy bien, tengo que aceptarlo.

Y aquí estoy, esperando bajo la puerta de tu casa, para decirte que se acabó, que ya no puedo más. Que has conseguido que venda mi alma al diablo, y que me vaya lejos, que ya no me queden lágrimas que llorar en los parques, ni ilusiones por ver.
Que nuestro juego se ha convertido en algo tan destructivo como atractivo al mismo tiempo, y tenemos que parar.

Basta! No me hables, no me cuentes más mentiras, no me grites "te quiero's" vacíos para que me quede, para que podamos seguir destruyéndonos. Era divertido, ahora me duele.

Duele hasta pensar en ti. Así que no quiero.
Basta! He dicho que basta! No hables, sólo mírame y dime alto y claro que no me quieres. Calla, no vuelvas a decirme que no puedes hacerlo porque no es verdad. Deja de mentirme.

Está bien, gracias.
No llores, sé que no lo entiendes, pero nos estoy salvando de nuestra destrucción, como dicen los ingleses: "Trust me".

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