3,2,1... La cuenta atrás empieza en tu cabeza. Cuando llegas al 1 saltas, te impulsas con la fuerza de un huracán.
Te sumerges en el agua y se hace el silencio.
Empiezas a nadar y solo escuchas tus pensamientos, sólo escuchas tu voz.
Acallas a tu voz y escuchas el murmullo de la gente que está fuera, el romper del agua contra las paredes de piedrecitas, escuchas tu corazón.
Un latido fuerte, sonoro, que indica que estás vivo, que sientes.
Pocas veces nos paramos a escucharlo, y ni se nos ocurre escuchar el de los demás.
Eso que solamente podemos escuchar debajo del agua, cuando nos quedamos quietos es el responsable de cada uno de nuestros actos, porque sinceramente, se actúa más siguiendo al corazón que no a la razón.
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