miércoles, 19 de febrero de 2014
Y...
Y lo sientes en tu garganta como si estuvieras a punto de vomitar, pero no dices nada. Y vuelve con más fuerza, un nudo en la garganta que no te deja respirar, que hace que te duela el estómago y que no puedas hablar.
Y lo dejas, ahí donde está, porque eres demasiado cobarde para decirle que se quede o quizá demasiado tonta como para no decirle que se vaya. Y ahí está, que ni se queda ni se va, que te mira con esos ojos con los que dice "no hagas ninguna tontería", y tú lo vomitas, como cuando liberas el tapón de la bañera y toda el agua fluye de nuevo, y le dices que no puedes más, que estás harta, de unos y de otros, que te ayudó a encontrar el oasis pero hay demasiada gente que lo conoce ya, que era más bonito cuando sólo tú caminabas por él en la soledad y el silencio. Y lloras, por dejar ir aquello que debería quedarse y entonces sientes como la presión sale a través de tus lágrimas y que el nudo en la garganta ha dejado de molestar, y te abrazas a ti misma porque ya no hay nada más que puedas hacer.
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