sábado, 18 de mayo de 2013

Ella.


Llaman al teléfono, suena y ves su nombre.
"Algo malo ha pasado" piensas para ti misma. Lo cojes y la escuchas.
Ella llora y te pide ayuda. Me puse los zapatos, la chaqueta y salí a la lluvia, sin paraguas.

La veo de lejos, cabizbaja y arrastrando los pies.
"Muy malo debe de ser, ha perdido la luz en sus ojos", te lo dices a ti misma mientras la ves avanzar entre los claros y oscuros que hacen las farolas.

Llega y suelta la bomba. La abrazas, no puedes hacer nada más que quererla.
Por desgracia entiendes su dolor y su pena.
Sólo escuchas, de fondo has escuchado un ruido de blindaje. Ha sido su corazón.
Se ha cerrado, como el tuyo hace tiempo, sabes que se volverá a abrir al paso de los años pero sabes que es difícil.

Deseas que esté bien y que todo pase deprisa, que vuelva su sonrisa y su alegría.

Le dices que todo irá bien (aunque, ¿qué más puedes decirle?) y la vuelves a abrazar.

Antes de irte le dices las palabras que tú necesitaste escuchar en su momento: "Estoy aquí para lo que necesites, a la 1 de la mañana o a las 3 de la tarde, pero llámame."

-Te quiero
- Y yo a ti - lo dice llorando, pero más tranquila.

Y te viene a la cabeza una gran frase: "Quizás tengas que pasar por mil cosas malas para poder apreciar las buenas que tienes delante", aún así, no es justo en absoluto.

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